La actual volatilidad de los mercados energéticos internacionales vuelve a evidenciar la importancia estratégica de fortalecer la seguridad energética de la República Dominicana mediante el desarrollo de fuentes locales, sostenibles y competitivas.
En ese contexto, los biocombustibles representan una oportunidad real para diversificar la matriz energética nacional, reducir dependencia de combustibles fósiles importados, dinamizar el sector agroindustrial y promover inversión productiva en las zonas rurales. La revista The Economist ya reporta que nuestros pares asiaticos se estan moviendo en esa direccion.
La República Dominicana ya cuenta con un marco legal importante en la Ley No. 57-07 sobre Incentivo al Desarrollo de Fuentes Renovables de Energía y de sus Regímenes Especiales, la cual creó las bases para impulsar proyectos de energía limpia y atraer capital hacia sectores estratégicos.
Hoy más que nunca resulta oportuno promover políticas públicas, alianzas público-privadas e incentivos que permitan desarrollar una industria nacional de etanol y otros biocombustibles, aprovechando el potencial agrícola del país y contribuyendo a una mayor resiliencia energética.
La transición energética no solo es un compromiso ambiental; también es una necesidad económica y de soberanía nacional.




