La Maternidad Divina

A partir del año 431, como resultado del Concilio de Efeso, la Iglesia Católica proclamó el primer dogma mariano, María Madre de Dios.

Antes que nada, debemos definir qué es el dogma en la Iglesia Católica. El dogma es una afirmación o proclamación, que se entiende como una verdad absoluta, definitiva, inmutable, infalible, irrevocable, incuestionable y absolutamente segura, sin dudas acerca de ella. Luego de proclamado un dogma, no es posible derogarlo o negarlo, ni por el Papa ni por decisión conciliar posterior.

Actualmente solo se han emitido cuatro dogmas marianos, lo que evidencia el cuidado extremo que tiene la Iglesia Católica para proclamarlos.

El dogma de la Maternidad Divina dispone:

“Desde un comienzo la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. María no es solo madre de la naturaleza, del cuerpo, pero también de la persona quien es Dios desde toda la eternidad. Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. Así como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona, así María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es ambos Dios y hombre, entonces Ella es la Madre de Dios” -Concilio de Efeso.

Las verdades que el dogma contiene son dos:

1. María es verdaderamente Madre: Ella contribuyó en todo en la formación de la naturaleza humana de Cristo, como toda madre contribuye a la formación del hijo de sus entrañas. De ahí que la apariencia física de Jesús, tales como su color de pelo, su color de ojos, el color de su piel, sus facciones físicas, las hereda de su madre, tal como dice el dogma “madre de la naturaleza, del cuerpo”.

2. María es verdaderamente Madre de Dios: Ella concibió y dio a luz a la segunda persona de la Trinidad. Esto significa que al María dar a luz a Jesús, se convierte en Madre de Dios, al ser madre “de la persona que es Dios desde toda la eternidad”. El origen divino de Cristo no proviene de Maria, sino de Dios.

En consecuencia, al ser Cristo una persona de naturalezas divina y humana, María es tanto madre del hombre como Madre del Dios. Así como Jesús no se divide en dos personas distintas, la maternidad de María no es dividida.

La condición singular María la llevan a una posición privilegiada dentro de la humanidad. María en su condición de Hija del Padre, fue invitada por Dios a ser Madre del Hijo, por la gracia del Espíritu Santo, lo que aceptó de forma humilde para convertirse en Madre de Dios.

Y como dice San Juan de la Cruz, al ser Madre de Dios, es también Mia, porque Cristo es Mio.